LA COMPAÑERA DEL SOLDra. M.: Madre, usted que era la hija mayor, cuéntenos cuántos hermanos tiene y por qué vivía con su abuela. Cuando ellos viajaron a Qom yo tenía dos hermanas y dos hermanos. Mi abuela vivía sola y había ofrecido a mi madre cuidarme, ya que en los tiempos de antes la gente de clase alta tenía varias nodrizas que les cuidaban sus hijos. Desde que tenía 6 meses me llevaron con mi abuela y de vez en cuando viajábamos a Qom para visitar a mis padres. Dormíamos dos noches en el camino. Mi padre había alquilado una casa grande en Qom y teníamos varios sirvientes. En aquel momento solo quienes podían pagar 5 riales por mes podían ingresar a la escuela y esta posibilidad no la tenían todos. En mi clase solo había 20 alumnos. Yo, junto a mis hermanas, tuvimos la suerte de poder estudiar. Luego de terminar el octavo año, se planteó el tema del casamiento. Dra. M.: Ahora que la conversación llegó a este punto, por favor háblenos de su casamiento, y cómo fue que mi padre la conoció. En uno de mis viajes a Qom, durante esos 5 años que mi padre residió allí, cuando yo tenía 14 años, mi padre pidió a mi abuela que me permitiera quedarme unos meses en Qom. Durante esos años mis padres habían hecho amigos y uno de ellos era Ruhollah. Era un joven religioso, noble, estudioso e inteligente y a mi padre le agradaba mucho. Otro amigo de mi padre era Aseid Lavasani, que a su vez era amigo de Aga Ruhollah. Cuando mi padre decidió viajar a Teherán el Aseid Lavasani le preguntó a Ruhollah por qué no se casaba. En esos momentos él tenía unos 26 o 27 años. Él le respondió que hasta entonces no había encontrado una mujer adecuada para casarse, y que tampoco quería casarse en Jomein. El Aseid Lavasani le dijo entonces que el Sr. Saqafi tenía dos hijas que según su cuñada eran muy buenas. Esto me lo contó el Imam luego. También me dijo que al escuchar las palabras de su amigo había sentido un golpe en su corazón. Dra. M.: Madre, cuéntenos un poco sobre la ceremonia de petición de mano. Él envió un amigo suyo para pedir mi mano. Esto se prolongó por diez meses porque yo no estaba dispuesta a ir a Qom, puesto que Qom en ese entonces no era como lo es hoy en día. Cada vez que viajaba a Qom me gustaba regresar a Teherán rápidamente. Mi padre me había dicho: “De mi parte no hay problema y aunque te lleve a vivir a Qom sé que es una persona que no permitirá que la pases mal.” Lo conocía bien por su amistad de varios años. Yo insistía en no ir a Qom. Dra. M.: Entonces, cómo fue que aceptó ir a Qom Aparentemente vio un sueño. Si es que lo recuerda, cuéntenos. He visto numerosos sueños benditos. Vi sueños por los que entendimos que este era un matrimonio que estaba escrito. El último sueño que me hizo decidirme definitivamente, fue que vi al Profeta Muhammad (BP.), al Imam Ali (P.) y al Imam Hasan (P.) en un pequeño patio, que luego me di cuenta que era el mismo patio que alquilamos para nuestra vida de casados. Las mismas habitaciones con la misma forma y decoración que había visto en el sueño. Incluso las mismas cortinas que luego comprarían para mí. En aquel lado del patio donde se encontraba la habitación de los hombres estaban sentados el Profeta, Imam Hasan y Amir-ul Muminin -la paz sea con todos ellos- y en este lado, que era la habitación de la novia, estaba yo junto a una anciana. Era una señora baja que yo no conocía y estaba sentada junto a mí detrás de la puerta de la habitación. Yo miraba hacia aquel lado a través del vidrio de la puerta. Le pregunté: “¿Quiénes son ellos?”. Ella me respondió: “Aquel del frente que tiene un turbante negro es el Profeta (BP.) Aquel hombre que tiene un cinturón verde es el Príncipe de los Creyentes (P).” Mas allá había un joven que también tenía un turbante negro que según la anciana era el Imam Hasan (P). Yo exclamé: “¡Qué alegría! ¡Son el Profeta y Amir Al-Mu’minin!”. Entonces la anciana me reprochó: “¡¿Tú te alegras siendo que no los quieres?!”. Dije: “¡No, cómo dices eso! ¡Yo los quiero!, ¡yo los amo a todos ellos, son mi profeta y mis imames! Aquel es mi primer Imam, y este es mi segundo Imam”. Nuevamente la anciana repitió: “¡¿Tú dices eso siendo que no los quieres?!”. Tras ello desperté. Me entristecí mucho por haberme despertado tan pronto. Cuando a la mañana relaté el sueño a mi abuela ella me dijo: “Querida, es obvio que este es un verdadero Seied y el Profeta y los Imames están tristes contigo. No hay otro remedio. Este matrimonio es tu destino.”
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