SURA AL-FÂTIHAHEsta creencia expande de tal manera el alma del hombre y eleva de tal modo los horizontes de sus pensamientos, que alcanza la eternidad y la infinitud, se libera de todo entorno limitado, y esto llega a ser tan amplio, que algunos han interpretado y dado sentido a esta bendita aleya de la siguiente manera: “Te adoramos para entrar al Paraíso, y Te pedimos ayuda para liberarnos del Fuego del Infierno”. Hadrat Amîr Al-Mu’minîn, el Señor de los Monoteístas, ‘Alî ibn Abî Tâlib (P) se dirige a Dios de la siguiente manera: “No te adoro por temor al Fuego de Tu Infierno, ni por anhelo de Tu Paraíso; sino que Te encontré digno de adoración, y entonces Te adoré.” De acuerdo a la gramática árabe, cuando el objeto directo del verbo (maf‘ûl) precede a su sujeto (fâ‘il), se comprende el significado de “restricción” (hasr), y aquí, el hecho de que la palabra “iîâka” (a Ti) haya precedido a los verbos “na‘budu” (adoramos) y “nasta‘în” (imploramos ayuda), indica la exclusividad, y el resultado es esa misma Unicidad de la Adoración y Unicidad de las Acciones que explicamos anteriormente. Incluso en la adoración y en el sometimiento necesitamos de Su asistencia, y para ello debemos procurar Su ayuda, no sea que nos veamos envueltos en la vanidad, desviación, hipocresía y otros asuntos similares que arruinan nuestra adoración y sometimiento. Entonces, en todos los asuntos y actividades, debemos prestar total atención a Dios Altísimo. En otras palabras, éste es uno de los niveles del Tauhîd o Monoteísmo, incluso el más elevado de los mismos, que es definido como “Monoteísmo Contemplativo”; es decir que en todas sus acciones y circunstancias el hombre debe contemplar a Dios, no debe tener esperanzas ni encomendarse a otro sino a Dios, y no debe temer de nadie ni tampoco confiar en nadie excepto en Dios. No ver a nadie excepto a Él, no querer a nadie sino a Él, y no amar a nadie sino a Dios, así como dice el Sagrado Corán en la Sûra Al-Ahzâb (33), aleya 4: «Dios no dispuso para ningún hombre dos corazones en su entraña...» El aspecto grupal de la adoración: El hecho de que se mencione el pronombre en plural en “na‘budu” (nosotros adoramos) y “nasta‘în” (nosotros imploramos ayuda) y así también en las aleyas siguientes las cuales están todas en la forma de plural, indica que el fundamento de la adoración –en especial el salât u oración- está cimentado en el grupo y en la comunidad. Incluso cuando el siervo se pone de pie frente a Dios para suplicarle e invocarle, debe considerarse a sí mismo como parte de la comunidad y el grupo; ni qué hablar entonces del resto de las actividades de la vida diaria. De esta forma, desde el punto de vista del Corán, cualquier tipo de individualismo, soledad o aislamiento no es aceptado en el Islam. Particularmente la oración ritual, esto es el salât, que desde la llamada a la oración: “Haiia ‘Alâs Salât” (Venid a la Oración), que es una invitación para reunirse para la oración, hasta la Sûra Al-Hamd que es la que da comienzo a la oración, e incluso la frase “As-Salâm-u ‘Alaikum” (La Paz sea con Vosotros) que constituye el final de la misma, todos son indicios y pruebas para el hecho de que esta adoración básicamente posee un aspecto social, o sea que debe ser llevada a cabo en forma de oración comunitaria. Por supuesto, es verdad que la oración realizada individualmente también es aceptada en el Islam, pero se considera que la adoración individual y personal posee un aspecto secundario. Pedimos a Al·lah ayuda al confrontar las fuerzas:
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