SURA AL-FÂTIHAHEn un hadîz de Imam As-Sâdiq (P) leemos: “Iaum-ud Dîn es el Día del Cómputo”. Es de hacer notar que algunos exegetas del Corán creen que la razón por la que la Resurrección fue llamada “Iaum-ud Dîn (Día de la Religión)” es que en aquel Día cada uno verá su retribución de acuerdo a su propia religión o doctrina que hubiese practicado. En esta aleya se comienza a exponer las necesidades del siervo y sus requerimientos de Dios. En realidad, desde aquí cambia el tono y la forma de expresión, puesto que las aleyas anteriores eran alabanzas y exaltaciones a Dios, la manifestación de Fe en Su Pura Esencia, y el reconocimiento y admisión del Día de la Resurrección, pero desde aquí es como si el “siervo”, con esta firme base de fe y conocimiento de Él, se viera a sí mismo frente a Dios, frente a la Pura Esencia, y tras dirigirse a Él, le hablara, primero de Su propia adoración, y luego sobre la ayuda y auxilio que de Él espera. De este modo dice: «¡Solo a Ti adoramos y solo a Ti imploramos ayuda!». En otras palabras, cuando los conceptos y nociones de las aleyas anteriores se consolidan en el alma del hombre, y lo más profundo de su ser se ilumina con la Luz de Dios, el Señor de los Mundos, y comprende Su Misericordia general y particular y Su Soberanía en el Día del Cómputo, se convierte en una persona perfecta desde el punto de vista de la creencia y la fe. El primer fruto de esta profunda creencia en la Unicidad, por un lado, es el hecho de ser un siervo puro y sincero de Dios, alejado de todo tipo de servidumbre a los ídolos, los tiranos y la lujuria; y por otro, es extender la mano en procura de ayuda solo hacia la Pura Esencia Divina. En realidad, las aleyas anteriores expresaban la Unicidad de la Esencia y de los Atributos Divinos, y aquí se habla sobre la Unicidad de la Adoración y la Unicidad de los Actos. “Unicidad de la Adoración” significa que consideremos que nadie ni nada merece ser adorado excepto la Esencia Divina, que solo nos sometamos a Su orden, que solo reconozcamos Sus leyes y que nos abstengamos de cualquier tipo de sumisión y subordinación ante otro que Él, la Pura Esencia. “Unicidad de los Actos” significa que solamente lo reconozcamos a Él como el único que realmente provoca efecto en el mundo de la existencia. Esto no significa que debamos negar el principio de “causalidad” y evitar ir en busca de las causas de las cosas, sino que quiere decir que debemos estar convencidos de que toda causa, si es que tiene un efecto, se debe a la orden divina. Es Él Quien ha otorgado calor al fuego, luminosidad al sol y la capacidad al agua de que la vida se produzca en ella. El resultado y consecuencia de esta creencia es que el hombre solo se aferrará y apoyará en Dios, considerará que el Poder y la Grandeza solo a Él pertenecen, y todo lo que no sea Él está destinado a perecer, a ser aniquilado y es carente de todo poder. Solo la Esencia Divina es digna de confianza, idónea de ser adorada y de ser dispuesta por el ser humano como sostén y apoyo para todas las cosas. Este pensamiento y creencia hace que el hombre no dependa de nadie ni de ninguna otra criatura, y que solo se aferre a Dios, e incluso si es que va en busca de las causas, es por Su orden, o sea que en las causas observa el Poder de Dios, Quien es el Causador de las causas.
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