SURA AL-FÂTIHAHEn otras palabras, la Soberanía es el resultado de Su Poder para Crear y Su Divinidad. Aquel que creó a los seres y los guía bajo Su protección, y en todo momento les otorga la bendición de la vida y la existencia, es el Real Soberano de todas las criaturas. Podemos encontrar un débil ejemplo de la real soberanía en los miembros de nuestro propio cuerpo. Nosotros somos los soberanos o propietarios de nuestros ojos, oídos, corazón y nervios, pero no en el sentido de soberanía convencional, sino un tipo de soberanía real, que se origina de la relación, dependencia y dominio. Pero, ¿acaso Dios Altísimo no es el Soberano de ambos mundos, que nosotros lo calificamos aquí como “Soberano del Día del Juicio”? La respuesta a este interrogatorio se esclarece teniendo en cuenta un punto: a pesar de que la Soberanía de Dios comprende a ambos mundos, se manifestará y exteriorizará mayormente en el Día de la Resurrección, puesto que en aquel Día se cortarán todas las relaciones materiales y soberanías convencionales y entonces nadie tendrá nada de sí mismo, y hasta si llegara a darse una intercesión, ésta se concretaría por orden de Dios: «Será el Día en que nadie pueda abogar por otro, porque el mando en ese Día solo será de Dios». El hombre en este mundo a veces ayuda a otro, lo defiende de palabra, lo respalda con sus bienes, se levanta en su ayuda con sus soldados y poder; y otras veces lo dispone bajo su protección con diversos proyectos y planes; pero en aquel Día no existirán ningunas de estas cuestiones. Por ello, cuando en ese Día en que salgan de sus sepulcros a las gentes se les pregunte: «¿A quién pertenece hoy el Reino?», dirán: “¡A Dios, Único, Dominador!”». La creencia en el Día de la Resurrección y del Gran Juicio, donde todos recibirán su merecido de una forma exacta y precisa, tiene un efecto extraordinariamente poderoso en controlar al hombre frente a las malas e inadecuadas acciones, y es ésta misma una de las causas por las que se dice que la oración evita lo aborrecible y execrable. La oración recuerda al hombre el “Origen” que está informado de todo lo que él hace, y le recuerda la Gran Corte de Justicia de Dios. Apoyarse en la Soberanía de Dios con relación al Día del Cómputo también tiene otro efecto, que es que se levanta en contra de la creencia de los idólatras y los que niegan el Día de la Resurrección, puesto que se comprende perfectamente de las aleyas del Corán que la fe en Dios ha sido una creencia común, incluso hasta para los idólatras de la Época de la Ignorancia, y por eso el Corán dice sobre ellos: «Si les preguntas: “¿Quién ha creado los Cielos y la Tierra?”, dirán: “¡Dios!”», mientras que ellos no aceptaban las palabras del Profeta (BP) sobre la Resurrección: «Y dijeron los incrédulos: “¿Queréis que os indiquemos a un hombre que dice que cuando seáis reducidos a polvo seréis creados nuevamente? ] ¿Acaso fraguó una mentira contra Dios o acaso ha enloquecido?”...». En un dicho sobre Imam As-Sayyâd (P) leemos: “Cuando ‘Alî Ibn Al-Husain (P) leía la aleya “Soberano en el Día del Juicio”, la repetía tantas veces que parecía que estaba a punto de perder la vida”. La frase “iaum-ud dîn” (Día de la Religión) se repite más de diez veces en el Corán, y en todos los casos tiene el sentido de “Día del Juicio”, así como lo explicita la Sûra Al-Infitâr (82) en las aleyas 17 a 19: «¿Y qué te hará entender lo que es el Día del Juicio? Otra vez: ¿qué te hará entender lo que es el Día del Juicio? Será el Día en que nadie pueda abogar por otro, porque el mando en ese Día solo será de Dios.» Ahora, ¿por qué ese Día fue llamado “el Día del Dîn”? En aquel Día se dará a cada uno su recompensa o merecido, y “dîn” etimológicamente significa “recompensa, retribución”. Y sabemos que el más evidente programa dispuesto para el Día del Juicio será el hecho de retribuir a cada uno con la recompensa o el castigo. En aquel Día serán corridas las cortinas sobre los actos, y las acciones serán computadas en forma precisa, y cada uno verá el fruto de sus propias acciones, ya sean buenas o malas.
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