Aleyas 8-16Luego el Corán, con un tono tajante y categórico dice: «Dios (es Quien) se burla de ellos, y les hace persistir en su rebeldía, vagando errantes». La última aleya a este respecto habla sobre su destino final, el cual es bastante sombrío, siniestro y oscuro. Nos lo explica así: «Esos son los que han comprado el extravío a cambio de la guía». Y por esto «no fue lucrativo su comercio y no fueron de entre los encaminados». Y de esa manera, su transacción no solo no les reportó beneficio alguno, sino que también perdieron su capital. Cuando un movimiento constructivo se da en un ámbito en particular –tal cual como la Revolución Islámica, que se dispone sobre la base de la Verdad y la Justicia- quedan expuestos al peligro los intereses del grupo opresor, tirano y egoísta. En primer lugar, por medio de las propagandas negativas, como la burla, el sarcasmo y la ridiculización, y luego a través de las presiones armamentistas, políticas y económicas y el promover crisis sociales, se esfuerzan en derrocar este movimiento. Pero cuando afloran las señales de la victoria ante todos los poderes y fuerzas de la región, un grupo de entre los opositores cambia su táctica y su método práctico, y aparentemente se somete, pero en realidad organiza un grupo clandestino y antagónico en contra de dicho movimiento. El vocablo “munâfiq” –“hipócrita”- deriva de la raíz “nafaqa”, que significa “canales y túneles que se colocan en los subsuelos y que sirven para ocultarse y fugarse”. Y aquellos que poseen dos rostros distintos son llamados “munâfiq”. Los “munafiq” son los enemigos más peligrosos de la sociedad, puesto que su posición no es clara como para que la gente los reconozca y los rechace, desde que se infiltran en medio de las filas de la gente pura y correcta, e incluso a veces en las situaciones críticas. El Islam también se ve expuesto ante tal grupo. Hasta que el Enviado de Dios (BP) no emigró desde La Meca a Medina, los musulmanes no habían establecido un gobierno. Pero, tras el ingreso del Profeta (BP) a Medina, se fundó la primera base del Gobierno Islámico. Tras el triunfo en la Batalla de Badr, este asunto se tornó aún más manifiesto, es decir, se organizó oficialmente un pequeño pero próspero gobierno y nación. Así, estuvieron en peligro muchos de los intereses de las autoridades de Medina –en especial los de los judíos, que en aquella época gozaban del respeto de los árabes-. El respeto que sentían por los judíos en aquella época se debía sobre todo a que eran la Gente del Libro y personas letradas, y hasta cierto punto instruidas, y desde el punto de vista de la economía estaban desarrollados, y eran ellos los que, antes del surgimiento del Profeta del Islam (BP) daban las albricias de su advenimiento. Otras personas que también se encontraban en Medina, pretendían la jefatura y liderazgo de la gente, pero con la emigración del Enviado de Dios se truncaron sus cálculos. Los jefes opresores y egoístas, y sus taimados partidarios vieron que las masas estaban tendiendo hacia el Islam y creyendo rápidamente en el Profeta (BP), e incluso sus mismos parientes y familiares. Después de un período de resistencia, se percataron de que no había más remedio que convertirse ellos mismos también al Islam, ya que oponerse y ubicarse en el frente opuesto, acarrearía el peligro de su desaparición y destrucción, especialmente porque todo el poder y la fuerza de los árabes se centraba en su tribu y clan, y generalmente los miembros de sus clanes se estaban separando ya de ellos. Ante esta perspectiva, eligieron un tercer camino, que consistía en hacerse musulmanes en apariencia, y ocultamente trazar los planes para derrocar al Islam.
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