Aleyas 8-16Ellos consideran a esta acción suya como una suerte de astucia e ingeniosidad, y en otras palabras, como una admirable táctica. Pretenden, con éste su accionar, engañar a Dios y a los musulmanes: «Pretenden engañar a Dios y a quienes creen», en tanto que se engañan a sí mismos, pero no lo advierten: «Pero no se engañan más que a sí mismos, aunque no lo perciben.» Malgastan una vida entera errando a la deriva, por su descarrío del verdadero camino y del sendero recto. Derrochan todas sus fuerzas y potencialidades y no obtienen nada excepto la frustración y la derrota, la ignominia y el castigo divino. En el versículo subsiguiente, el Corán señala el hecho de que la hipocresía, en realidad, es un tipo de enfermedad. La persona sana no posee más que un solo rostro; existe una completa armonía entre su espíritu y cuerpo, puesto que lo externo y lo interno y el espíritu y el cuerpo son complementarios unos de otros. Si la persona es creyente, todo su ser manifiesta fe, pero si por el contrario, está extraviada, tanto su exterior como su interior dan señas de su descarrío, ya que esta disimilitud entre el cuerpo y el espíritu de la persona poseída por la hipocresía, genera un dolor y enfermedad adicional. Este es un tipo de contradicción, discordancia y ruptura que gobiernan sobre la existencia del hombre. Dice la aleya: «Enfermos están sus corazones...». Pero si cada uno en el sistema de la creación se dispusiera en un camino y se equipara con los medios necesarios, transitaría hacia delante por ese mismo camino. En otras palabras, la acumulación de acciones y pensamientos del hombre sobre un camino en particular, lo vuelve más fuerte y seguro. Luego, el Corán añade: «Por lo que Dios les agravará su enfermedad.» Desde que el principal capital de los hipócritas lo constituye la “mentira”, en lo posible y siempre que pueden, justifican con la misma las contradicciones que se observan en su vida. Al final de la aleya leemos: «Y tendrán un doloroso castigo por lo que hayan mentido.» Tras ello, el Sagrado Corán nos describe sus características, y nos dice que lo primero que alegan respecto a sí mismos es que son “reformistas”, en tanto que son los verdaderos corruptores. Cuando se les dice que no corrompan en la Tierra, responden que son reformadores: «Y cuando se les dice: “¡No corrompáis en la Tierra!”. Dicen: “¡Ciertamente que nosotros solo somos reformadores!”».
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