Aleyas 8-16



Sobre este principio, se torna necesario que cada profeta traiga consigo un milagro que sea el testimonio de su veracidad y Mensaje. Así como se desprende del término “milagro”, el Profeta deberá poder llevar a cabo actos excepcionales, que el resto de la gente no pueda realizar, tales como resucitar a los muertos, o comunicarse con los animales y cuerpos inanimados, etc. Estos eventos sobrenaturales son llamados “milagros”.

Es necesario también que el profeta que posee un cierto milagro, exhorte a la gente a rivalizar con él. Él ha de presentar la evidencia y señal de la legitimidad de sus palabras junto a su milagro, para que, si los demás pueden, presenten algo igual a ello. Esto recibe el nombre de “Tahaddî” –“desafío”-.


El Corán, el milagro eterno del Profeta del Islam (BP):

De entre los milagros sobrenaturales que se suscitaron del Profeta Muhammad (BP), el Corán es el más eminente y vivo documento de su veracidad y legitimidad. Por supuesto, sabemos, según lo que transmitieron los grandes sabios del Islam (BP), que el Profeta del Islam (BP) poseyó alrededor de 4440 milagros39. El Corán es su milagro eterno. El mismo es un Libro que está por encima de las mentes y pensamientos de un ser mortal. Nadie ha sido capaz todavía de traer un libro similar a él ni podrá jamás. Este Libro constituye un gran milagro celestial.

El Corán, como un documento vivo de la legitimidad del Profeta del Islam (BP) y su gran milagro, fue elegido de entre todos sus portentos, puesto que el Corán es un milagro locuaz, eterno, universal y espiritual.

Los profetas anteriores debían acompañar a sus milagros y para corroborarlos debían invitar a sus opositores a competir con ellos. En realidad, sus milagros no tenían voz, ni podían expresarse por sí mismos, sino que eran las palabras del profeta las que lo completaban. Esto también se dio en el resto de los milagros del Profeta del Islam (BP), a excepción del Corán.

El Corán es un milagro locuaz y no necesita ser presentado. Él mismo invita hacia sí. Invoca a los opositores a rivalizar con él, los condena y sale victorioso del campo de lucha. Por ello, después de varios siglos del fallecimiento del Profeta del Islam (BP), al igual que durante su bendita vida, el Corán continúa con su convocatoria e invocación. Es tanto religión como milagro. Es tanto ley como documento de ley.


Eternidad y Universalidad:

El Glorioso Corán ha hendido y traspasado las fronteras del tiempo y el lugar, disponiéndose más allá de estos dos conceptos. Los milagros de los profetas anteriores e incluso el resto de los milagros del Profeta del Islam (BP) a excepción del Corán, se han sucedido en un período determinado de tiempo, en un lugar concreto y definido y para un grupo específico de gente; por ejemplo, las palabras pronunciadas por el niño recién nacido de la Virgen María (P), y resucitar a los muertos por parte del Profeta Jesús (P), se han suscitado en un lugar y tiempo determinados y ante un grupo de gente en particular. Como sabemos, los asuntos que toman para sí el color de la época y lugar, en la misma medida que nos alejamos de ellos, se manifiestan más débiles, apagados y exiguos, y esto forma parte de las peculiaridades de los asuntos temporales. Pero el Corán no está vinculado a ningún tiempo y lugar en particular, y se manifiesta hoy ante nosotros con los mismos contenidos y particularidades con los que iluminó hace catorce siglos atrás, el lúgubre ambiente del Hiyâz. E incluso el paso del tiempo y el progreso de las ciencias nos han dado la posibilidad de que nos aprovechemos aún más de él, con relación a la gente de las épocas pasadas. Es evidente que cuanto más el Corán adquiera para sí el color del tiempo y el lugar, seguirá avanzando hasta la eternidad y a lo largo y ancho del orbe. Obviamente una religión universal y eterna debe contar con un documento legítimo universal y eterno, una receta y fórmula que puedan dar respuesta a asuntos tales como:

 



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