Aleyas 8-16 En los versículos precedentes Dios Altísimo describió las características de los tres grupos (piadosos, incrédulos e hipócritas), y explicó que los piadosos son objeto de la guía divina y el Corán es su guía, en tanto que marcó los corazones de los incrédulos con el sello de la ignorancia y la ineptitud; debido a su accionar corrió las cortinas de la negligencia por sobre sus ojos, lo que anuló su sentido de la percepción. Por último, los hipócritas son aquellas personas cuyos corazones están enfermos, y que, debido a sus actos perversos, Dios, Glorificado Sea, les incrementa su enfermedad. Pero, en las aleyas que analizaremos a continuación, tras esta clara comparación, ha especificado la línea de la felicidad y la salvación, que no es otra que unirse al primer grupo. Dice: «¡Oh gente! Adorad a vuestro Señor que os ha creado a vosotros y a quienes os precedieron. Quizás así seáis piadosos». Etimológicamente, “sumisión” (‘ubûdîiat) significa “manifestar subyugación, devoción y obediencia por parte del pequeño respecto a alguien grande”. “Adoración” es “el máximo nivel de subyugación con relación a Alguien que se encuentra en el máximo grado de la virtud, benevolencia y magnanimidad”. En consecuencia, Dios ha ordenado que: «No adoréis sino a Él». Cualquiera que posee un poco de entendimiento y sentido común, hace trabajar su intelecto para conocerse a sí mismo y a Dios. Existe un famoso hadîz que versa: “Quien se conoce a sí mismo, conoce a su Señor”. Se ha dicho también que el conocerse a uno mismo es la llave para conocer a Dios. Cuando se reconoce a sí mismo como un siervo y vislumbra a su Dios en Su Divinidad, entonces entiende que debe desplegar su manifestación de subyugación, humildad y sumisión especialmente ante Alguien en Cuyo Poder se encuentra su vida y existencia, y continuamente toma de Su Gracia y Favor, y si sólo por un instante no le llegara la bendición de la existencia desde la “Fuente de la Gracia”, inmediatamente se vería privado de la existencia. Aquí debemos tomar en cuenta algunos puntos: 1. La frase: «¡Oh gente!» -iâ aîiuhan nâs-, que ha sido mencionada alrededor de veinte veces en el Sagrado Corán, es un llamamiento general y colectivo, y demuestra que el Corán no es especial de alguna raza, tribu, clan o clase en particular, sino que abarca a todos y todos son copartícipes de esta convocatoria general. Todos han sido invitados a adorar al Dios Único, a luchar contra todo tipo de idolatría y desviación de la línea del Tauhîd.
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