Aleyas 8-16



En tiempos del Profeta (BP), el vertiginoso avance del Islam, cual un relámpago celestial, había ofuscado los ojos de los hipócritas, y las aleyas del Corán, que descorrían los velos de sus secretos, al igual que un rayo los había convertido en su blanco. Sospechaban que de un momento a otro descendería una aleya y correría las cortinas de otros de sus secretos también, y así, serían aún mucho más desacreditados y avergonzados públicamente.

Así como nos lo dice el Sagrado Corán en la aleya 64 de la Sûra At-Taubah (9): «Los hipócritas temen que les sea revelada una sura que descubra lo que hay en sus corazones. Diles: “¡Burlaos, que Dios develará lo que teméis!”».

Los hipócritas también temían que al descubrirse sus secretos se emitiera la orden, por parte de Dios, de luchar en contra de este enemigo traicionero e interno, y que el ejército de los musulmanes, que en aquella época era fuerte y poderoso, los atacara, así como nos lo dice el Corán: «Si los hipócritas, los que albergan la duda en sus corazones y los sediciosos de Medina no se abstienen, te ordenaremos combatirles; luego no convivirán contigo en ella sino poco tiempo T Serán malditos, doquiera se hallen, apresados y cruelmente matados».

Tal como mencionamos anteriormente, se han registrado varias tradiciones y obras en la literatura islámica respecto a los hipócritas, entre ellas, el dicho del Imam As-Sâdiq (P), quien narra de sus padres, y éstos del Enviado de Dios (BP): “El Profeta (BP) dijo: “¡Oh ‘Alî! El creyente posee tres señales: la oración, el ayuno y el zakât. Y el hipócrita también posee tres características: cuando habla, miente; cuando promete, no cumple; y cuando se confía en él, traiciona”.

También, ‘Abdul·lah ibn ‘Umar transmite del Enviado de Dios (BP) lo siguiente: “Cuatro características son signos de hipocresía: la mentira en el hablar, la excusa ante la promesa, la disolución ante la enemistad y la traición ante un depósito (confiado)”.


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Aleyas 21-22

يَآ أَيُّهَا النَّاسُ اعْبُدُوا رَبَّكُمُ الَّذِي خَلَقَكُمْ وَالَّذِينَ مِنْ قَبْلِكُمْ لَعَلَّكُمْ تَتَّقُونَ ﴿21﴾ الَّذِي جَعَلَ لَكُمُ الأَرْضَ فِرَاشاً وَالْسَّمَآءَ بِنَآءً وَأَنْزَلَ مِنَ الْسَّمَآءِ مَاءً فَاَخْرَجَ بِهِ مِنَ الثَّـمَرَاتِ رِزْقاً لَكُمْ فَلاَ تَجْعَلُوا لِلّهِ أَنْدَاداً وَأَنْتُمْ تَعْلَمُونَ ﴿22﴾

 

21. ¡Oh gente! Adorad a vuestro Señor que os ha creado a vosotros y a quienes os precedieron. Quizás así seáis piadosos.

22. Quien os hizo de la tierra un lecho, y del cielo una edificación, e hizo descender agua del cielo, con la cual hizo brotar frutos para vuestro sustento. Entonces, pues, no atribuyáis semejantes a Dios, a sabiendas.



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