Amor sagrado y amor profano en el Islam y en Ibn Hazm



 

 

Introducciَn sobre Al-Andalus  y su importancia actual

 

"،Hijo mيo! A pesar de no haber vivido durante el curso de toda la historia junto a la gente del pasado, he leيdo y contemplado los testimonios de sus vidas y he investigado las obras que nos han legado como recuerdo, y de esta forma es como si hubiera vivido a lo largo de todo ese tiempo. Me parece haber contemplado los sucesos amargos y dulces de sus vidas, de cerca, junto a ellos mismos. Es como si tuviera una vida eterna". (Ali Ibn Abi Talib, Nahyul Balagah, Al Hoda, Londres,1989).

 

El valor del legado andalusي se multiplica por su inagotable proyecciَn presente y futura. Al Andalus, o los 800 aٌos de civilizaciَn islلmica en Espaٌa, brilla con esplendor propio en el marco de la civilizaciَn islلmica universal, es cierto, pero no menos cierto es que el enriquecimiento y desarrollo de su sociedad, producto de la interrelaciَn de culturas diversas es una caracterيstica del espيritu del Islam.

La herencia andalusي estل ahي para suplir nuestra pobreza actual en materia de diلlogo, tolerancia, pacيfica convivencia, interrelaciَn, apertura, avidez intelectual, unidad del ser, unidad del saber, equilibrio, visiَn integral del hombre y del universo, y también para conocer al Islam, sin falsos prejuicios.

Al Andalus fueron 8 َ 9 siglos de esplendor civilizador. Mلs allل de si la Edad Media fue o no una edad oscura para el resto de Europa, para el Islam y para Espaٌa fue, sin dudas, una época de luz. Destruye con su rigor fلctico la tenebrosa pseudoidea de la supuesta incompatibilidad de civilizaciones y culturas, especialmente, la occidental y la islلmica. La historia nos evidencia la falsedad de esta incompatibilidad, mلxime, cuando en la conformaciَn de la propia civilizaciَn occidental, el Islam, especialmente a través de Al Andalus, ha cumplido un rol tan significativo.

Blanco Ibaٌez, el gran escritor espaٌol en su obra: "A la sombra de la catedral", pp. 201-204, dice: "En Espaٌa, la regeneraciَn no llegَ con las hordas bلrbaras que vinieron del Norte: vino del mediodيa, con los لrabes conquistadores... Y fue una expediciَn civilizadora mلs que una conquista... A través de ella llegَ a nuestro suelo aquella cultura joven, robusta, alerta, cargada de innovaciones sorprendentemente rلpidas; una civilizaciَn que, apenas nacida, triunfaba por todos los lugares por donde pasaba. Una civilizaciَn, que habiendo sido creada por el entusiasmo del Profeta, habيa sido capaz de asimilar lo mejor del judaيsmo y de la ciencia bizantina y que tenيa la ventaja de que nos traيa igualmente las tradiciones hindْes, las reliquias de Persia e infinidad de conocimientos tomados de la China misteriosa. Era Oriente el que penetraba en Europa, no como los Darيos o Jerjes, a través de la Grecia que les rechazaba para salvar su libertad, sino por el otro extremo, a través de Espaٌa que, esclava de los reyes teَlogos y de obispos guerreros, recibيa con los brazos abiertos a sus invasores.



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