VII. EL «PARACLETO» NO ES EL ESPÍRITU SANTO

En este capítulo discutiremos al conocido «Paracleto» (1) del cuarto evangelio. Jesús» así como Juan e! Bautista, anunciaron la venida del Reino de Dios, invitaron al pueblo al arrepentimiento y lo bautizaron para la remisión de sus pecados. Jesús cumplió honorablemente su misión y comunicó fielmente el Mensaje de Dios al pueblo de Israel. El no fue el fundador del Reino de Dios sino únicamente su heraldo, y a esto se debe que no haya escrito nada ni haya autorizado a nadie a escribir el Santo Evangelio que tenía grabado en su mente. Jesús reveló el Evangelio, que significa «buenas nuevas», respecto al «Reino de Dios» y el «Periklitos» a sus seguidores, no por escrito sino oralmente, en sermones públicos. Estos discursos, sermones y parábolas fueron transmitidos por quienes los habían oído a quienes no los oyeron. Fue más adelante que los dichos y enseñanzas del Maestro fueron sometidos a la redacción escrita. Jesús ya no era el Rabbi (Maestro) sino el Logos, la Palabra divina. Ya no era el Anunciador del Paracleto sino su mismo Señor y Superior. Sus palabras puras y auténticas fueron adulteradas y mezcladas con mitos y leyendas. Por un tiempo se esperó que en cualquier momento bajara de las nubes con legiones de ángeles. Todos los apóstoles ya habían desaparecido. La segunda venida de Jesús estaba demorada. Su persona y doctrina dieron lugar a una variedad de especulaciones filosóficas y religiosas. Las sectas y grupos se sucedían unas a otras. Bajo distintos títulos y nombres aparecían en muchos centros evangelios y epístolas. Una multitud de eruditos y apologistas cristianos se combatían y criticaban sus teorías mutuamente. Si hubiera sido escrito un evangelio durante la vida de Jesús, e incluso, un libro autorizado por el conjunto de los apóstoles, las enseñanzas del Profeta de Nazareth habrían preservado su pureza e integridad hasta la aparición del Periklitos-Ahmad. Pero no fue ese el caso. Cada escritor tornó un punto de vista distinto acerca del Maestro y su religión y lo describió en su libro –que llamó evangelio o epístola– de acuerdo a su propia imaginación. El elevado vuelo del pensamiento respecto a la Palabra. La profecía acerca del Periklitos, el inexplicable discurso de Jesús acerca de su carne y su sangre, y una serie de diversos milagros, sucesos y dichos registrados en el cuarto evangelio (el de Juan), eran desconocidos por los sinópticos (2) y en consecuencia para una gran mayoría de cristianos que no lo habían visto por lo menos en dos siglos.

También el cuarto evangelio, como todo libro del Nuevo Testamento, fue escrito en griego y no en arameo, que era el idioma materno de Jesús y sus discípulos. Y así nos confrontamos nuevamente con la misma dificultad con las que nos encontramos cuando discutíamos el «Eudobia» de San Lucas, es decir: ¿qué palabra uso Jesús en su idioma nativo para expresar lo que el cuarto evangelio ha traducido como «el Paracleto», el cual ha sido convertido en el «confortador» o «consolador» en todas las versiones (traducciones) de ese evangelio?

Antes de discutir la etimología y el verdadero significado de esta extraña, o más bien, corrupta forma de «el Paracleto», es necesario hacer una breve observación sobre un rasgo particular del Evangelio de San Juan. La autoridad y autenticidad de este Evangelio son cuestiones que conciernen a la más elevada crítica bíblica. Pero es imposible creer que el Apóstol pudiera haber escrito este libro como nos llegó a nosotros, en su forma y contenido. El autor, ya sea Juan (Yohannan) el hijo de Zebedeo o cualquier otro bajo ese nombre, parece estar familiarizado con la doctrina del celebrado y erudito filósofo judío Filón respecto al Logos (la Palabra). Es bien conocido que la conquista de Palestina y la fundación de Alejandría por Alejandro Magno abrió, por primera vez, una nueva época para la cultura y la civilización. Fue entonces que los discípulos de Moisés se encontraron con los de Epicúreo y tuvo lugar el poderoso impacto de las doctrinas espirituales de la Biblia sobre el materialismo del paganismo griego. Las artes y la filosofía griega comenzaron a ser estudiadas y admiradas por los doctores de las leyes judías, tanto en Palestina como en Egipto, donde tenían una comunidad muy numerosa. La penetración del pensamiento griego y las belles lettres en las escuelas judías alarmó a sus sacerdotes y estudiosos. En efecto, el hebreo era tan desdeñado que las escrituras eran leídas en las sinagogas de Alejandría en la versión Septuaginta (en griego). Sin embargo, esta invasión de un conocimiento extranjero movió a los judíos a profundizar en el estudio de sus propias leyes y a defenderse contra el nuevo espíritu poco propicio. Se esforzaron, por lo tanto, por encontrar un nuevo método para la interpretación de la Biblia con el objeto de posibilitar un acercamiento y reconciliación de las verdades bíblicas con el pensamiento helénico. Porque el método anterior de interpretación literal de la ley se lo vio inviable y demasiado débil para enfrentarse al sutil razonamiento de Platón y Aristóteles. Al mismo tiempo, la firme actividad de los judíos y la profunda devoción a su religión levantó contra ellos a menudo el odio y celo de los griegos. Ya bajo Alejandro Magno, un sacerdote egipcio» Manetho, había escrito libelos o calumnias contra el judaísmo. Bajo Tiberio, el gran orador Apión había resucitado y envenenado los insultos de Manetho. De modo que esta literatura envenenó al pueblo que, más tarde, persiguió cruelmente a los creyentes en el Dios Uno verdadero.

El nuevo método fue descubierto y adoptado. Se pasó a hacer así una interpretación alegórica de cada ley, precepto, narración e incluso de los nombres de los grandes personajes, considerando que ocultaban en ellos una idea secreta que se buscaba sacar a la luz. Esta interpretación alegórica se arrogó rápidamente el lugar de la Biblia y fue como un sobre encerrando en sí un sistema de filosofía religiosa.

El hombre más prominente que personificó esta ciencia fue Filón, quien nació en una rica familia judía de Alejandría en el año 25 antes de la era cristiana. Bien versado en la filosofía de Platón, escribió su trabajo alegórico en un estilo griego puro y armonioso. Creía que las doctrinas de la Revelación podían concordar con el más elevado conocimiento y sabiduría humanos. Lo que más ocupó su mente era el fenómeno de la relación de Dios, el Espíritu puro, con los seres terrenales. Siguiendo la teoría de las ideas de Platón inventó una serie de ideas intermedias que llamó «las emanaciones de la Divinidad», las que transformó en ángeles que unían a Dios con el mundo. La sustancia fundamental de estas ideas, el Logos (la Palabra), constituía la Sabiduría suprema creada en el mundo y la expresión más elevada de la acción Providencial.

La escuela alejandrina continuó el triunfo del judaísmo sobre el paganismo- «Pero –como observa correctamente el Gran Rabino Paul Halguenauer en su interesante librito Manuel de Littérature Juive, pag. 24–, de ella surgirían, más tarde, sistemas nocivos para el hebraísmo», un sistema nocivo en realidad no sólo para el judaísmo sino también para la cristiandad

El origen de la doctrina del Logos se debe rastrear o remontar por lo tanto a la teología de Filón, y el apóstol Juan –o los autores del cuarto evangelio, quienquiera hayan sido– solamente dogmatizó la teoría de las «ideas» que surgieron primero del cerebro de oro de Platón. Como hice notar en el primer capítulo de esta parte, la Palabra divina significa la Palabra de Dios y no Dios la Palabra. La palabra es atribulo de un ser racional. Pertenece a cualquier orador o a quien habla, pero no es el ser racional, el que habla. La Palabra divina no es eterna, tiene un origen, un principio, no existe antes del comienzo, excepto potencialmente. La palabra no es la esencia. Es un serio error substancializar un atributo, cualquiera que sea. Si se permite decir «Dios la Palabra», ¿por qué estaría prohibido decir Dios la Misericordia, Dios el Amor, Dios la Venganza» Dios la Vida, Dios el Poder, etc.? Puedo aceptar y entender adecuadamente el apelativo de Jesús «el Espíritu divino» (Ruh Al.lah), el de Moisés «el interlocutor divino» (Kalím Al.lah), y el de Muhammad Rasul Al.lah, queriendo decir el Espíritu de Dios, el Interlocutor de Dios y el Mensajero de Dios respectivamente. Pero no puedo aceptar ni comprender nunca que el Espíritu o la Palabra o el Mensajero es una Persona divina, teniendo naturalezas humana y divina al mismo tiempo.

Ahora procederemos a exponer e impugnar el error cristiano acerca del Paracleto. En este artículo intentaré probar que el Paracleto no es, como lo creen las Iglesias cristianas, el Espíritu Santo, ni significa en absoluto el «confortador»» «consolador», «intercesor». Y en el siguiente capítulo, Dios mediante, mostraré que no «Paracleto» sino «Peryclito», es precisamente el significado de «Ahmad» en el sentido del «más ilustre, alabado y celebrado».

1. ELESPÍRITU SANTO ES DESCRITO EN EL NUEVO TESTAMENTO DE UN MODO DISTINTO AL DE UNA PERSONA.

Un cuidadoso examen de los siguientes pasajes del Nuevo Testamento convencerá a los lectores de que el Espíritu Santo no solamente no es la tercera persona de la trinidad, sino que ni siquiera es una persona distinta. Pero el «Paracleto» profetizado por Jesús es una persona distinta. Esta diferencia fundamental entre los dos es, por lo tanto, un argumento decisivo contra la hipótesis de que es una y la misma persona.

a)  En Lucas 11:13 el Espíritu Santo es definido como un «don» de Dios. El contraste entre los buenos dones que son dados por parientes malvados y el Espíritu Santo que es dispensado o conferido sobre los creyentes por Dios excluye, completamente la idea de toda personalidad del Espíritu. ¿Podemos afirmar conciente y positivamente que Jesús» cuando hizo el contraste mencionado, tenía el sentido de enseñar a sus oyentes que «Dios el Padre» hace un regalo de «Dios el Espíritu Santo» a sus «hijos» terrenales? ¿Alguna vez insinuó que creía que la tercera persona de la trinidad era un regalo de la primera persona de la trinidad? ¿Podemos admitir concientemente que los apóstoles creían que este «regalo» era Dios Todopoderoso ofrecido por Dios Todopoderoso a los mortales? La sola idea de tal creencia hace temblar a un musulmán.

b)  En 1 Corintios 2:12 este Espíritu Santo es descrito en el género neutro «el Espíritu de Dios». San Pablo dice claramente que, así como el Espíritu que está en el hombre le hace saber las cosas que le atañen, así el Espíritu de Dios hace saber al hombre las cosas divinas (1 Cor. 2:11). En consecuencia, aquí el Espíritu Santo no es Dios sino un resultado divino, un canal o medio a través del cual Dios enseña, ilumina e inspira a quien le place. Es simplemente una acción de Dios sobre el alma y la mente humana. El maestro, el instructor y el inspirador no es directamente Santo sino Dios mismo. Había observado antes que Filón era un estudioso de la filosofía de Platón. El nunca vio a Platón sino que solamente estudió la filosofía de Platón y se convirtió en un filósofo platónico. En el mismo sentido que Pedro el apóstol y el Imam Alí (3) recibieron el Espíritu Santo de Dios y se volvieron inspirados con el conocimiento de Dios, se volvieron «divinos». Así como no es la misma cosa Platón y la filosofía de Platón» y Filón el platónico no es el creador de esa ciencia específica, de la misma manera Pedro y 'Alí no eran Dios. Eran divinos porque fueron enaltecidos por el Espíritu de Dios. San Pablo plantea claramente en el pasaje citado, que el alma humana no puede discernir las verdades que conciernen a Dios sino solamente a través de Su Espíritu, inspiración y dirección.

c)   Nuevamente en 1 Corintios 6:19 leemos que los justos siervos de Dios son llamados «templos del Espíritu Santo», el cual lo «recibieron de Dios». Aquí se indica otra vez que el Espíritu de Dios no es una persona o ángel, sino Su virtud, palabra o poder y religión. Tanto el alma como el cuerpo de un creyente son comparados con un templo dedicado a la adoración del Eterno.

d)   En la Epístola a los Romanos 8:9, este mismo espíritu que «vive» dentro de los creyentes es llamado alternativamente el «Espíritu de Dios» y el «Espíritu de Cristo». En este pasaje «el Espíritu» significa simplemente la fe y la verdadera religión de Dios que proclamó Jesús. Seguramente este espíritu no puede tener el sentido del ideal cristiano del Espíritu Santo, es decir, el tercero de la tema trinitaria. Los musulmanes siempre deseamos e intentamos regular nuestras vidas y conducirnos de acuerdo con el espíritu de Muhammad, significando ello que estamos resueltos a ser fieles a la religión de Dios de la misma manera como lo fue el último Profeta. Porque el Espíritu Santo en Muhammad, en Jesús y en cualquier otro profeta era otro distinto del Espíritu de Al.lah –¡alabado sea su Santo Nombre!–. El espíritu es llamado santo para diferenciarlos del espíritu ruin e impuro de Satanás y sus ángeles caídos. Este espíritu no es una persona divina sino un rayo divino que ilumina y santifica al pueblo de Dios.

e) La fórmula evangélica «En el Nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo», aunque sea verdadera y prescripta por Jesús, puede ser legítimamente aceptada como una fórmula de fe antes del establecimiento formal del Islam, que es el Reino de Dios sobre la tierra. Dios Todopoderoso en Su cualidad de Creador es el Padre de todos los seres, cosas e inteligencias, pero no el Padre de un hijo en particular. Los orientalistas saben que la palabra semítica «abb» o «abba», que se traduce como «padre», significa «uno que da a luz o produce frutos» («ibba»: fruto). Este sentido de la palabra es realmente inteligible y su uso bastante razonable. La Biblia hace un uso frecuente del nombre «Padre». Dios dice en alguna parte de la Biblia «Israel es mi hijo primogénito», y en distintas partes del libro de Job, Dios es llamado «el padre de la lluvia». Es debido al abuso de este nombre divino del Creador por la cristiandad que el Corán se refrena de usarlo. Desde una creencia puramente unitarista y musulmana, el dogma cristiano respecto al eterno nacimiento o gestación del Hijo, es una blasfemia.

Ya sen que la fórmula bautismal cristiana sea auténtica o espuria, creo que hay una verdad oculta en ella. Por eso se debe admitir que los evangelistas nunca autorizaron el uso de ningún otro ritual, rezo u otro credo que el bautismo. Este punto es extremadamente importante. San Juan profetizó el bautismo con el Espíritu Santo y fuego por el Profeta Muhammad, como vimos en los capítulos precedentes. Siendo el barnizador directo Dios mismo y el mediato o intermedio el Hijo del Hombre o el Barnasha de la visión de Daniel, era perfectamente justo y legítimo mencionar esos dos nombres como la primera y segunda causas eficientes, y también el nombre del Espíritu Santo como la causa materialis de «Sibgatu-l-lah». Ahora bien, el nombre divino de «Padre», antes de su uso abusivo por la iglesia, era invocado correctamente. En realidad el «Sibgatu-l-lah» es un nuevo nacimiento, una natividad en el Reino de Dios, es decir en el Islam. El Bautizador que produce esta regeneración es directamente Al.lah. Nacer a la religión del Islam, ser dotado con la fe en el Dios verdadero, es el favor y el don más grande del «Padre Celestial», para usar la expresión evangélica. En este sentido Dios es infinitamente más caritativo que un padre terrenal.

En cuanto al segundo nombre de la fórmula, «el Hijo», uno no sabe que hacer para conocer quién o qué es este «hijo». ¿Hijo de quién? Si Dios es correctamente llamado «Padre», entonces uno se vuelve curioso, inquisitivo y ansioso por conocer cual de Sus innumerable «hijos» es propuesto en la fórmula bautismal. Jesús nos enseñaba a rezar «Nuestro Padre que está en los cielos». Si todos somos Sus hijos en el sentido de Sus criaturas, entonces la mención de la palabra «hijo» en la fórmula se vuelve algo sin sentido e incluso ridículo. Sabemos que el nombre «el Hijo del Hombre» —no «Barnasha»— se menciona 83 veces en los discursos o arengas de Jesús. El Corán nunca llama a Jesús «el hijo del hombre», sino siempre «el hijo de María». Jesús no podía llamarse a sí mismo «el hijo del hombre» porque él era solamente «el hijo de mujer».

No se puede escapar de la realidad. Se lo puede hacer «el hijo de Dios», como absurdamente se lo hace, pero no se lo puede hacer «el hijo del hombre» a menos que crean que es el vástago de José o de algún otro y en consecuencia dejen en él la mancha de la ilegitimidad.

No sé exactamente cómo, si a través de la intuición, la inspiración o el sueño, fui enseñado y convencido de que el segundo nombre en la fórmula es una desdichada corrupción de «el Hijo del Hombre», es decir, el Barnasha de Daniel (Capítulo 7), y por lo tanto de Ahmad «el Periklitos» (Paracleto) de el evangelio de San Juan.

En cuanto al Espíritu Santo en la fórmula, no es una persona o un espíritu individual, sino una operación, fuerza, energía de Dios con la que un hombre nace o es convertido en la religión y conocimiento de Dios Uno.

2. QUE DICEN LOS PRIMEROS PADRES DE LA CRISTIANDAD ACERCA DEL ESPÍRITU SANTO

a)       Hermas (Similutude V. 5,6) entiende, por el «Espíritu Santo», el elemento divino de Cristo, es decir» el Hijo creado antes de todo lo demás. Sin entrar en la discusión sin provecho o más bien sin sentido de si Hermas confunde el Espíritu Santo con la Palabra, o si es un elemento distinto que pertenece a Cristo, se admite que éste fue creado antes que todas las cosas– es decir, al comienzo– y que el Espíritu» en la creencia de Hermas, no es una persona.

b)       Justino –llamado «el mártir» (1007-167? d.C.)– y Teófilo (1207-180? d.C) entiende por el Espíritu Santo algunas veces una forma peculiar de la manifestación de la Palabra y otras veces un atributo divino, pero nunca una persona divina. Se debe recordar que estos dos padres griegos del siglo 11 de la era cristiana no tenían ningún conocimiento ni creencia definida acerca del Espíritu Santo de los trinitarios de los siglos IV y sucesivos.

c)       Atenágoras (110-180 d.C) dice que el Espíritu es una emanación de Dios que procede de El y retorna a El como los rayos del sol (Deprecatio pro Christianis, IX, X). Ireneo (1307-202? d.C.) dice que el Espíritu Santo y el Hijo son dos siervos de Dios y que los ángeles se someten a ellos. La amplia diferencia entre la creencia y concepciones de estos dos primeros padres acerca del Espíritu Santo es tan obvia que no necesita agregarse ningún comentario. Es sorprendente que los dos siervos de Dios de acuerdo a las declaraciones de una autoridad como Ireneo, fueran dos siglos después elevados a la dignidad de Dios y proclamados dos personas divinas asociadas con el Dios Uno verdadero por quien ellas fueron creadas.

(d) El más ilustre y estudioso de todos los padres y apologistas cristianos anterior a Nicea fue Orígenes (185-254 d.C). El autor de «Hexaples» adscribe personalidad al Espíritu Santo, pero lo hace una criatura del Hijo. La creación del Espíritu Santo por el Hijo no puede estar siquiera en el comienzo cuando la Palabra –o el Hijo– fue creada por Dios.

La doctrina respecto del Espíritu Santo no estaba suficientemente desarrollada en el 325 d.C. y por lo tanto no fue definida por el Concilio de Nicea. Fue solamente en el 386 d.C. en el Segundo Concilio Ecuménico de Constantinopla, que se declaró que era la tercera persona de la trinidad, consubstancial y coeva con el Padre y el Hijo.

3.- El «Paracleto» no significa «consolador» o «defensor». En realidad no es una palabra clásica en absoluto. La ortografía griega de la palabra es paraklytos que en la literatura eclesiástica recibe el significado de «uno llamado a ayudar, defender, interceder» (Diccionario greco-francés, de Alexandre). No hace falta ser un erudito en griego para saber que la palabra griega para expresar «confortador, consolador» no es «paraklytos» sino «paracalon». No tengo conmigo ninguna versión griega de la Septuaginta pero recuerdo perfectamente bien que la palabra hebrea por «confortador» (mnahem) en las Lamentaciones de Jeremías (1:2, 9,16, 17,21, etc.) se traduce en (parakaloon, del verbo parakalco, que significa «llamar a», «invitar», «exhortar», «consolar», «invocar», «orar». ¡Se debe advertir que hay una vocal alpha larga después de la consonante kappa en el «parakaloon», la cual no existe en «Paraklytos». En la oración «El que nos consuela de todas nuestras aflicciones», se usa «parakaloon» y no «paraklytos» («Yo te exhorto o te invito a trabajar»). Se pueden citar muchos otros ejemplos.

Hay otra palabra griega para confortador y consolador, es decir, «Parygorytys», de «yo consuelo».

En cuanto a los otros sentidos de «intercesor» o «defensor» que es dado a la palabra eclesiástica «Paracleto», insisto nuevamente que es «Paracaloon» y no «Paraklytos» la que puede comunicar un sentido similar. El término griego propio para «defensor» es Sunegorus y para «intercesor» o «mediador», meditea.

En el próximo capítulo daré la forma griega verdadera de la que Paraklytos es una corrupción. Dicho sea de paso, deseo corregir un error en que ha caído el francés Ernest Renán. Si recuerdo bien, Renán, en su conocida «Vida de Cristo», interpreta el «Paracleto» de San Juan (14;16-26, 1Juan 2:1) como un «abogado» o «defensor». Renán cita la forma sirío-caldea «Peraklit» como opuesta a «Ktghra» el acusador de «Kategorus». El nombre sirio para mediador o intercesor es «misaaya», pero en los tribunales el «snighra» (del griego «sunegorus») es usado para un abogado. Muchos sirios no familiarizados con el idioma griego consideran que «Paraklita» es realmente la forma siríaca o aramea del «Paracleto» en la versión Pshittha y que está compuesta de «Park» (salvar de, librar de) y «lita» (el perseguido). La idea de que Cristo es «el Salvador de la maldición de la ley», y por lo tanto él mismo también es «Paraklita» (Juan 2:1), puede haber llevado a alguien a pensar que la palabra griega es originalmente una palabra aramea, así como la sentencia griega «Maran atna» es en arameo «Maran athi», es decir, «nuestro Señor está viniendo» (1Cor. 16:22), la cual parece ser una expresión entre los creyentes respecto a la venida del último gran profeta. Este «Maran athi», como así también, especialmente, la fórmula bautismal, contiene puntos demasiado importantes como para ser descuidados. Ambos merecen un estudio especial y una interpretación valiosa. Ambos corporizan signos, por otra parte, que favorecen a la cristiandad.

Pienso que he probado suficientemente desde un punto de vista lingüístico y etimológico que «Paraklytos» no significa «abogado», «conformador» o «consolador». En distintas partes he descrito esto como un «barbarismo» pero me retracto de lo dicho y lo reemplazo por el término «corrupción». La ignorancia comete muchos errores. Durante siglos los latinos y europeos ignorantes han estado escribiendo el nombre de Muhammad como «Mahomet», y el de Mushi como «Moisés». ¿Es de extrañar entonces que algún obstinado monje o escriba haya copiado en la forma corrompida de «Paraklytos» el nombre verdadero que correspondía? Esto significa «el más ilustre», o «elmás alabado», pero la forma corrupta no significa nada, excepto una vergüenza permanente para quienes durante 13 siglos entendieron que significaba un abogado o consolador.



[1] El autor realiza en esta obra, particularmente en este capítulo y los que siguen, un detenido estudio etimológico de este término griego que aparece en el Evangelio de Juan, En dicha discusión a veces emplea la trascripción usual (sin rigor fonético) del griego como aparece en distintas versiones de la Biblia (Paracleto, Pericleto, etc.), escribiendola «kappa» del griego con una «c», y otras veces, cuando quiere destacar etimologías o significados, emplea una forma fonética más rigurosa (Periklytos, Peryklytos, etc.)" Hemos mantenido en general su notación. (Nota del Editor en español)
[2] Se llama «sinópticos» a los primeros tres evangelios por su semejanza que permite editarlos en sinopsis o columnas paralelas comparativas. No así el cuarto, el de Juan, que es el más tardío según los especialistas, y que contiene ese importante discurso después de la última cena, que es como el testamento espiritual de Jesús, y donde hace el importante anuncio del Paráclito o Periclito. ¿Cómo pueden los sinópticos desconocer un asunto de tal trascendencia? Es un misterio aún no resuelto para los que se han propuesto varias hipótesis. (Nota del Editor en español)
[3] El Imam Alí Ibn Abi Talib, primo y yerno del Profeta Muhammad, fue su sucesor atirante de la Comunidad Islámica Universal {Ummah). Es análoga su función a la de Pedro, a quien el Islam considera el Imam, o conductor de los cristianos después de Jesús por designación de éste. No le corresponde ese papel a Pablo de Tarso, quien en realidad no fue discípulo de Jesús ni era de los apóstoles, ni había conocido al Maestro. Pero desgraciadamente su prédica insidiosa, de judío educado y desviado por el helenismo, se impuso finalmente como la doctrina -oficial» de la iglesia. (Nota del Editor en español)